Leonardo Acuña: entre redes, lanchas y generaciones

Por: Héleonor Pérez Márquez

Leonardo Acuña lleva casi toda su vida entre olores de mar y conversaciones de puerto. Desde el 2011 trabaja en su pescadería en el barrio Las Flores, donde se ha convertido en una figura conocida por su trato amable y su constancia. Tiene 49 años y, además de su negocio, cuenta con un par de lanchas que representan el sustento de diez familias pesqueras que dependen del trabajo diario en el río y el mar.

Llegó a Las Flores en 2004, invitado por un amigo que le propuso abrir una pescadería. En ese entonces no sabía nada del oficio, pero decidió intentarlo. Empezó vendiendo pescado desde su propia casa y con el tiempo, fue mudándose de lugar en lugar hasta establecerse en su local actual. Recuerda aquellos primeros años como una época bulliciosa, las calles llenas de compradores, el ir y venir de pescadores, los niños que pasaban el día escamando pescado para ganarse unas monedas.

Hoy, el panorama es distinto. Leonardo nota cómo los jóvenes del barrio ya no quieren seguir los pasos de sus papás. “Los hijos de los pescadores ahora buscan estudiar o dedicarse a otras cosas”, dice, culpando el cambio en parte a las redes sociales y a nuevas aspiraciones. En su lugar, muchos de los nuevos rostros del oficio son personas que han llegado desde otras zonas o incluso migrantes venezolanos que encontraron en la pesca una forma de salir adelante.

Acuña tiene dos hijos pequeños y no descarta que, si algún día les interesa, se acerquen al mundo de la pesca. Para él, es una ocupación bonita, que exige orden y compromiso, aunque reconoce que ya no es igual que antes. “Lo importante es que estudien, que aprendan. Sea en la pesca o en otra cosa”, asegura.

En cuanto al ambiente laboral, afirma que en Las Flores no se trata tanto de competir como de compartir. Entre pescadores, dice, lo que prima es la colaboración. Y si algo destaca de su negocio es el servicio: la buena atención, la amabilidad y los precios justos. “Eso hace que la gente vuelva”, comenta con una sonrisa.

Aunque hoy la seguridad es estable, recuerda que en 2012 fue víctima de intentos de extorsión por parte de personas externas que se hacían pasar por delincuentes. “Me llamaban para pedirme plata, pero resultaron ser estafadores”, cuenta. Aun así, sabe que algunos vecinos siguen cayendo en esas trampas por miedo o desconocimiento.

Leonardo mira hacia el futuro con serenidad. Cree que la pesca no desaparecerá, aunque cambie de manos y de formas. Su mensaje para los jóvenes del barrio es simple: estudiar, superarse y no tener miedo de empezar desde abajo. “El mar siempre tendrá algo que dar, dice, solo hay que saber aprovecharlo”.

https://ridum.umanizales.edu.co/items/b89b02b9-e1c9-4a8c-bff5-df4b785a6418
https://aunap.gov.co/documentos/OGCI/ESTADO-DE-PRINCIPALES-RECURSOS-PESQUEROS-EN-COLOMBIA-2014-version-digital.pdf

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