Entre redes y libros: el dilema de Jhon Ardila, un joven que prefiere pescar sueños
El sol apenas se asoma sobre el horizonte de Salgar, y el mar empieza a despertar con el murmullo de las olas. Mientras su padre prepara las redes para una nueva jornada de pesca, Jhon Ardila, de 20 años, acomoda sus cuadernos en una mochila desgastada y se alista para tomar el bus que lo llevará hasta la Universidad del Atlántico. Allí estudia Ingeniería Industrial, una carrera que, según él, “es otra forma de aprender a construir futuro”.
Jhon creció entre el olor a sal, a pescado, a sol, a la madera mojada. Su infancia transcurrió en la playa, ayudando a su padre a clasificar los peces o desenredar las mallas. “Desde pequeño supe que la pesca era parte de mí”, dice. “Pero también entendí que no quería vivir solo de eso”. En su voz hay respeto, no rechazo. Sabe que la pesca ha sido el sustento de su familia por generaciones, pero también reconoce que hoy el mar ya no ofrece las mismas certezas que antes.
En Salgar, un pueblo donde casi todos los hombres mayores son pescadores, los jóvenes comienzan a mirar hacia otros horizontes. La universidad, el emprendimiento o los oficios técnicos se presentan como caminos más estables que la marea cambiante. “Antes uno no tenía otra opción. Hoy los pelados quieren y tienen más oportunidades con el estudio”, comenta el señor Carlos Ardila, su padre, mientras desenreda una red recién salida del agua. “Yo no lo detengo. Es un mejor futuro para él que esto, que estar aquí asoleándote”.
Para Jhon, ese apoyo ha sido fundamental. Sus días comienzan temprano, entre el canto de los gallos y la brisa del mar. Luego de desayunar, coge una moto o un bus hasta la universidad, que no queda lejos. Entre clases y tareas, el tiempo se le va rápido. Cuando tiene un respiro o llega el fin de semana, suele acompañar a su padre al mar. Dice que eso le recuerda de dónde viene y lo ayuda a no olvidar su raíz. “Pescar me enseña paciencia; estudiar me enseña a avanzar y crecer como persona”, dice Jhon mientras revisa en su celular si hay algo para la próxima clase.
Su historia representa a muchos jóvenes de comunidades costeras del Atlántico que viven el mismo dilema: seguir la tradición o buscar nuevos rumbos. No se trata de abandonar el mar, sino de reinventarlo. Jhon sueña con aplicar sus conocimientos para mejorar las condiciones de los pescadores artesanales, diseñar herramientas más seguras y optimizar procesos de venta. “Quiero que la pesca no desaparezca, sino que evolucione”, afirma convencido.
Cuando se le pregunta qué siente al mirar el mar cada mañana, responde sin dudar: “Siento gratitud. El mar me dio identidad, pero el estudio me está dando libertad”.
En la orilla, su padre lanza las redes una vez más, confiando en la suerte y en la corriente. Jhon, en cambio, lanza sus propias redes invisibles: las del conocimiento, la perseverancia y la esperanza. Entre redes y libros, entre el mar y la universidad, este joven de Salgar no solo busca ganarse la vida, sino también pescar su propio destino.