El sabor del río: Arturo Acosta y la memoria viva de Las Flores

Por Elissa Medina

En el barrio Las Flores, a la orilla del río Magdalena, Arturo Acosta prepara pescado desde hace más de veinte años. Tiene 50 años y nació en el mismo barrio donde hoy tiene su restaurante, El rincón Marino. Allí creció, aprendió a cocinar y sigue trabajando junto a su familia.

“El negocio empezó con mi abuela vendiendo comida en una cocinita que quedaba al lado del río, hecha de tablas. Luego mi papá la ayudó, y después seguí yo”, cuenta Arturo. “Antes esto era pura agua y barro. Poco a poco fuimos levantando el restaurante entre todos. Es una herencia familiar”.

El Rincón Marino es hoy un lugar emblemático en el sector. El local es de dos pisos y se mantiene con esfuerzo. En los últimos años, el barrio ha cambiado: llegaron más locales, más visitantes, y con eso también más competencia. “Ahora hay muchos restaurantes. Todos venden pescado, todos quieren que la gente vaya a sus locales”, explica. La mayoría del pescado que Arturo vende llega desde Boca de Ceniza y Santa Marta, pero el transporte, dice, está cada vez más costoso. “A veces toca subir un poco los precios, si no, no da, pero también uno tiene que pensar en la gente del barrio, que no siempre puede pagar tanto”, comenta.

A lo largo de los años ha tenido que adaptarse a muchas cosas: las lluvias que ahuyentan a los clientes y él se las ingenia con domicilios o bajando los precios, los cambios en el barrio que crean una tensión entre sostener el negocio y mantenerlo accesible, y la pandemia que marcó un antes y un después en su vida. Arturo perdió a su hermano, Manuel Alfonso, con quien compartía no solo el trabajo, sino la historia familiar. “Eso nos dio muy duro. Él era alegre, le gustaban los gallos. Yo le decía que no saliera, pero igual se enfermó y no aguantó”, recuerda con voz baja.

Ese episodio lo afectó profundamente, pero también reforzó su sentido de responsabilidad con el negocio. “Uno aprende a valorar más las cosas, a cuidar lo que tiene. Esto es lo que él y mis papás me dejaron. Por eso sigo aquí, trabajando”, agrega.

Arturo es conocido en Las Flores no solo por su comida, sino por su forma de ser. Es quien presta el local para los eventos del barrio y el que todos saludan al pasar. “Aquí me conocen mucho porque soy serio y correcto. Siempre trato de ayudar cuando puedo”, afirma.

En los últimos años, Las Flores también ha sido parte de proyectos turísticos impulsados por la Alcaldía de Barranquilla. como la recuperación de Puerto Mocho. Según el exalcalde Jaime Pumarejo en la presentación de la recuperación de Puerto Mocho —que tiene conexión con esta zona ribereña—: “primero es turismo, que trae empleo. Le estamos trayendo a Las Flores las cosas que necesitan. Van a venir cada día más visitantes y eso significa más gente en los restaurantes” (Alcaldía de Barranquilla, 2022).

Ese empuje institucional coincide con lo que Arturo ha sentido: una transformación lenta pero creciente, donde el turismo y la gastronomía local pueden reforzarse mutuamente. Su restaurante El Rincón Marino, en medio de esa expectativa, debe adaptarse sin perder el sabor tradicional que lo define.

Al final de la conversación, cuando le pregunto qué consejo le daría a alguien que quiera empezar un negocio, Arturo lo dice sin pensarlo mucho: “Que sea honesto, que no se rinda, que si se cae mil veces, se levante mil veces más. Esto no es fácil, pero vale la pena”.

Entre el olor a pescado frito y el sonido del río al fondo, Arturo representa esa mezcla entre trabajo, herencia y amor por la cocina que define al barrio Las Flores.

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