La pesca artesanal se reinventa: el papel de la AUNAP en la recuperación del sector y la apuesta por un relevo generacional

 

 

Por: Héleonor Pérez Márquez

Por años, la pesca artesanal ha sido el corazón económico y cultural de comunidades ribereñas, costeras e isleñas en Colombia. Sin embargo, la presión ambiental, la pesca ilegal y la falta de oportunidades para los jóvenes han debilitado la actividad y reducido su productividad. En este contexto, la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP) avanza en una estrategia para revitalizar el oficio, modernizarlo y proyectarlo como una actividad sostenible con posibilidades reales de desarrollo empresarial.

William Tepuz Verdugo, director general de la entidad, lo resume con una frase que marca el eje del trabajo institucional: “La pesca artesanal tiene futuro, siempre y cuando se fortalezcan las políticas institucionales y sigamos trabajando de la mano con quienes viven del agua”. Su perspectiva parte de una realidad evidente: las especies nativas han disminuido, las vedas se incumplen con frecuencia y la competencia con prácticas ilegales o insostenibles afecta directamente a las comunidades que dependen del recurso.

Ante este escenario, la AUNAP trabaja en dos grandes frentes. El primero es la inspección, vigilancia y control, especialmente dirigido a combatir la pesca ilegal y a reforzar el cumplimiento de las vedas. El segundo consiste en acompañar a pescadores y asociaciones en procesos de formalización, capacitación y acceso a programas institucionales. Para Tepuz, la formalización es clave para que los pescadores puedan acceder a créditos, subsidios, tecnologías y proyectos estatales que les permitan mejorar su calidad de vida. “La formalización dignifica la actividad. Les permite ser parte de una política pública que los reconoce y los protege”, afirma.

En los últimos meses, la entidad ha impulsado los encuentros Agua y Territorio Unidos por Colombia, desarrollados en regiones como Magangué, Barrancabermeja, Villavicencio, Puerto Colombia, Buenaventura, Bajo Baudó y Florencia, Caquetá. Estos espacios reúnen a pescadores, agricultores e instituciones públicas con el propósito de fortalecer capacidades técnicas, avanzar en la carnetización y formalización, crear acuerdos de comercialización y articular esfuerzos con entidades como el ICA, el Banco Agrario, la ADR y el SENA. La meta es consolidar una red de trabajo que responda a las necesidades de las comunidades y potencie sus oportunidades productivas.

A la par con esto, la AUNAP ha intensificado el repoblamiento de especies nativas como bocachico, dorada y blanquillo. En 2024 se sembraron más de 60 millones de alevinos, lo que representa un aumento del 51 % frente al año anterior, en cuerpos de agua distribuidos en 95 municipios del país. El repoblamiento se complementa con programas de vigilancia para proteger los ciclos reproductivos y evitar que la pesca indiscriminada siga afectando los ecosistemas.

Uno de los desafíos más sensibles para el sector es el relevo generacional. En muchas comunidades, los jóvenes migran hacia estudios universitarios o empleos urbanos, dejando un vacío que pone en riesgo la continuidad de la pesca artesanal. Tepuz, sin embargo, considera que es posible revertir esta tendencia si se presenta la pesca como una actividad rentable, tecnificada y con potencial empresarial. “La pesca tiene futuro si la mostramos como una oportunidad de empresa, no solo como un trabajo de subsistencia”, asegura. Con este enfoque, la AUNAP ha sumado esfuerzos con instituciones como el SENA, la ANT, la ADR y el DPS para impulsar programas de emprendimiento, formación y fortalecimiento productivo dirigidos a nuevas generaciones.

El director envía un mensaje directo a los jóvenes que hoy se debaten entre continuar o no la tradición familiar: “Este sector aporta a la seguridad alimentaria del país y tiene potencial económico. Los invitamos a emprender, a crear empresa pesquera, a innovar sin dejar atrás la tradición de sus familias”. Con esta invitación, la entidad busca que la pesca se entienda no solo como un oficio heredado, sino como un campo con oportunidades reales de crecimiento.

Mientras el país enfrenta desafíos ambientales y económicos, las comunidades pesqueras siguen siendo pilares en la seguridad alimentaria y en la economía local. El trabajo de la AUNAP, aunque aún en consolidación, apunta hacia un modelo donde sostenibilidad, formalización y fortalecimiento productivo se articulan para garantizar futuro al sector. La pesca artesanal, lejos de desaparecer, parece adentrarse en una nueva etapa que exige adaptación, acompañamiento institucional y una mirada renovada que permita que las nuevas generaciones vuelvan a encontrar en el agua un proyecto de vida posible.

 

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