Columna | Sendero de Vida: una oportunidad para mirar de nuevo
Por: Héleonor Pérez Márquez
Confieso que, al conocer el proyecto “Sendero de Vida”, me sorprendí al reconocer lo poco que observo la naturaleza que me rodea. Los manglares, por ejemplo, han sido durante años parte del paisaje que uno ve sin verdadera atención. Esa indiferencia cotidiana revela una desconexión que se ha vuelto casi normal. Y quizá por eso iniciativas como esta resultan tan pertinentes.
El proyecto plantea una reconexión entre las personas y la naturaleza nativa a través de prácticas educativas y artísticas. Más que un simple embellecimiento urbano, propone un acercamiento activo: interactuar con las plantas, moldear figuras, entender su función ecológica. El mangle zaragoza, especie resistente y sofisticada en su propia discreción, se convierte en símbolo de esa relación que necesitamos recuperar.
Desde mi perspectiva, la propuesta tiene un valor especial porque nos obliga a cuestionar nuestros propios hábitos. Me pregunté cuándo fue la última vez que aprecié un entorno natural sin prisa, sin pantallas y sin distracciones. La respuesta fue incómoda, pero reveladora: hacía bastante tiempo. Y estoy segura de que no soy la única.
Sin embargo, resulta fundamental reconocer que este tipo de iniciativas, por valiosas que sean, no bastan por sí solas. La conservación real exige continuidad, educación ambiental sostenida y decisiones políticas coherentes. De poco sirve inaugurar un sendero natural si, al mismo tiempo, se permite el deterioro de los ecosistemas que pretende resaltar. La coherencia institucional es tan necesaria como el entusiasmo comunitario.
Aun así, considero que “Sendero de Vida” representa un paso significativo. Más allá de su diseño y de su componente pedagógico, ofrece algo que a veces damos por sentado: la posibilidad de volver a mirar. De reconocer que la naturaleza no es un adorno urbano, sino un soporte vital cuya preservación es urgente.
Si este proyecto logra que más ciudadanos experimenten ese acto simple de detenerse y observar, entonces ya habrá logrado un avance importante. En tiempos donde la desconexión ambiental parece expandirse, cualquier iniciativa que nos invite a recuperar esa relación merece ser tomada en serio.
osa mezcla entre trabajo, herencia y amor por la cocina que define al barrio Las Flores.